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jueves, 4 de abril de 2013

Un Nuevo Modelo del Universo, de Piotr. D. Ouspensky

Un Nuevo Modelo del Universo forma parte de la trilogía de grandes libros escritos por el genio de Piotr D. Ouspensky, considerado el hombre que más ha contribuido a difundir las ideas de George Gurdieff. 

Junto con el Tertium Organum y El Cuarto Camino, esta obra es una pieza clave para comprender los principios del “método psicológico en su aplicación a los problemas de la ciencia, la religión y el arte” que plantea Ouspensky y que se ha convertido en uno de los grandes clásicos de la literatura esotérica del siglo XX.



En Un Nuevo Modelo del Universo, el matemático y filósofo ruso recopila algunos de sus principales ensayos, escritos a lo largo de un período de quince años, muchos de ellos de forma simultánea y que se explican unos a otros en un tipo de literatura que deslumbra por su profundidad, su originalidad y por la forma en que describe una etapa fundacional del esoterismo en Occidente, cuando todavía muchas mentes lúcidas e inquietas sospechaban que Oriente no había dado aún toda la riqueza espiritual que poseía.

En una búsqueda iniciática de la que ya hemos hablado en artículos anteriores –que el lector podrá encontrar en este mismo blog- Ouspensky sospecha, intuye, que existen nexos, rutas invisibles, hilos conductores que unen a cofradías ocultas en diversos lugares de Europa y Asia, desde el Indostán hasta las grandes capitales del oeste, como París y Londres. El desafío que enfrenta es justamente el hallazgo de ese hilo conductor que todo lo une. De allí que en su obra puedan encontrarse –uno tras otros- capítulos referidos al cristianismo, el tarot, el yoga, los fenómenos del sueño y el hipnotismo, el misticismo y lo milagroso o la vieja y la nueva física, sin que aparezcan como inconexos. Por el contrario, Ouspensky encuentra en estos ensayos un nuevo “método psicológico” con el que terminará proponiendo a ese Nuevo Modelo del Universo que anuncia en el título de la obra.

Gran parte del contenido es auto referencial, una particularidad que nos permite seguir las huellas de sus viajes, de su contacto con fuentes de conocimiento y sabiduría, con personajes que parecen de ficción pero que, lejos de serlo, nos confirman la existencia de estas cofradías en las que podía producirse aquello que Gurdjieff definió como el Encuentro con hombres notables. ¿Qué llevó a estos hombres a volver la mirada hacia esas tierras lejanas del Cáucaso o de la gran Meseta de Anatolia? Ouspensky lo describe con una doble sensación. Por un lado, sus viajes lo habían convencido de que había todavía mucho en Oriente, mucho de aquello que había dejado de existir en Europa. Pero por otro lado no estaba seguro, de ningún modo, de que encontraría precisamente lo que estaba buscando. Estas dos condiciones podrían definir muy bien el modelo del buscador de las Escuelas de Misterios y del candidato a la iniciación: Un hombre que intuye que encontrará un tesoro espiritual, pero que a la vez no tiene mayor certeza de cuál será el final de su viaje y de qué encontrará en él.

Ni siquiera estaba seguro de que aquellas escuelas que buscaba (nos referimos a escuelas esotéricas), tuviesen necesariamente un asiento físico, es decir, no podía asegurar que las mismas tuvieran existencia en este plano o en uno superior. Como matemático estaba obsesionado en encontrar un modelo diferente de organización cósmica y como físico era un investigador empecinado de aquella otra realidad que definía como una “cuarta dimensión”, un tema que podemos encontrar reiterado en todas sus obras. Otra cuestión que lo obsesionaba era el hecho de que existieran escuelas que hubieran mantenido una sucesión histórica ininterrumpida, depositaria de una tradición guardada por generaciones, desde edades remotas. Podríamos afirmar que en éste y en otros temas, Ouspensky se adentró más que ningún otro en la búsqueda de estas escuelas y que, a la luz de su legado, no cabe duda alguna de que las encontró.

A la vez, como pocos, dejó un claro testimonio de lo que ocurría en su propia persona, a nivel psicológico y espiritual, en la medida en que su búsqueda avanzaba. Sus tribulaciones se sucedían respecto de la elección de un camino, o la duda de si abrazar la acción al estilo occidental o permanecer en la inacción que proponen algunas escuelas de oriente, o de decidir si estos conocimientos debían ser compartidos a gran escala o mantenidos en secreto en el seno de grupos muy selectos. 

Todas estas inquietudes narradas en primera persona nos dan una idea de su propia problemática existencial y están reflejadas en Un Nuevo Modelo del Universo, de modo que no sólo se trata de un libro que contiene una profunda porción de sabiduría sino que nos muestra de qué forma el autor se encontró con ella y con las responsabilidades que impone el acceso a un nivel superior de conciencia. Por todo esto y mucho más, que no podría explicarse en el breve espacio de este comentario, es que Ouspensky debe ser leído y estudiado, porque sigue siendo un espejo en el cual mirarse y medirse en el largo sendero que conduce a la superación de nosotros mismos.

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